«i»MPLOSIVA


Aparece Deshablar: Obra poética experimental [1970-1983], volumen que reúne la poesía visual de FELIPE BOSO. Edición a cargo de Gian Pierre Codarlupo y Chús Arellano y publicado por Arrebato Libros.

Qué curioso que dos de los poemas experimentales más importantes de los 70 tengan como protagonista una sola letra, una de las cinco vocales de nuestro idioma, la letra i minúscula: en el caso de José Luis Castillejo por repetición (en su libro Thebook of i´s; imagen de la izquierda), en el caso de Felipe Boso por extrañeza (darle la vuelta a la letra i en uno de los poemas de su serie «lluvia»; imagen derecha). Asimismo, varios de los poemas de los Cantos de Orfeo de Elena Asins también tienen como protagonista esta delgada vocal.






La poesía hace agujeros en el lenguaje. El punto bocabajo de una letra «i» es capaz de agujerear la palabra lluvia hasta que la propia palabra se cuela por ese agujerito —deja de ser un punto para convertirse en un vacío, un hueco—, se hunde por ese puntito y arrastra a todas las demás palabras —las que tienen letra i y las que no—, de modo que acaba quedando todo el lenguaje resumido en un punto: y desde ese ahí empezar/volver a construir todo el lenguaje, con esa pieza de Lego elemental. Lenguaje nacido del cero (vacío); no de la presencia sino de la ausencia. Porque no hay poesía en (la) realidad; la poesía se da en las palabras, a través del lenguaje.

En vez de «No se puede escribir lo que no se puede decir», la idea sería la contraria: solo se puede escribir de lo que no se puede decir. Para lo que se puede decir está la lengua; para lo que no se puede decir estaría el lenguaje.

De algo de todo esto (des)habla el libro de Felipe Boso que se acaba de publicar. De poemas que no se leen porque lo que hacen es construir (constructivismo) signos. No se trata de leer los signos sino de reinventarlos (recreación: raíz etimológica de poiesis). De poemas que no tienen nada que decir porque al que le toca decir algo es al lector, haciendo del lector un poeta. Felipe Boso ofrece un catálogo de neografías (grafos inventados; ver las tres imágenes que hay debajo) en el primer bloque del libro: bloques geométricos que son tramas con las que inventar todas las letras. Letras que no existen pero que podrían dar lugar a nuevos alfabetos. ¿Qué se podría (des)decir en esas neo-escrituras?




Felipe Boso es un poeta desconocido porque su propuesta es un tanto inaudita: no quiere ser escritor ni vanguardista sino scriptor[1]. Es inverosímil no solo en el panorama figurativo de la poesía española de su época: por edad es coetáneo de la poesía arraigada, de José Hierro, de I. Aldecoa, Sánchez Ferlosio o García Calvo. Un poco más joven que Pino, Cirlot, Brossa; un poco mayor que los ZAJ, entre quienes incluyo a José Luis Castillejo. Quizás con este y con Brossa es probablemente con los que más concomitancias tiene: temáticas, conceptuales, estéticas. Pero lo cierto es que con él, como con estos últimos, no se puede hacer una comparativa nacionalista porque Boso no deja de ser un exiliado en la España franquista y, en su caso, no por motivos ideológicos: marcha bastante joven a Alemania, donde trabaja y forma una familia junto a Antje Reumann. Allí conocerá más el panorama de la poesía experimental internacional que el paupérrimo y diseminado catálogo de este tipo de poesía que había en la península. Y a pesar de ello, enseguida se puso manos a la obra y empezó a servir de interlocutor y cadena de transmisión entre lxs autorxs hispanos y el mundo literario alemán, abrió una ventana para la literatura española en el panorama internacional. Fruto de ello será la antología de poesía experimental española que prepara para la revista Akzente en 1972, o el librito Prax, que no llegó a ver la luz.

Felipe Boso comienza a conformar una obra poética experimental propia con la que poerse a la altura de todo ese panorama uq haido auscultando. Su obra se configurará  en dos direcciones: lo que llamaré poemas textuales/discursivos y los poemas visuales/experimentales. A la primera pertenece su libro T de trama (1970). La palabra islas (1981), su otro volumen publicado en vida, pertenecería a la segunda. Por otra parte, también desarrolla una vertiente teórica, de la que apenas conocemos nada, pero demuestran su interés por organizar conceptualmente su pensamiento. Y también hay que reseñar su tarea como traductor. En el libro que acaba de salir, Deshablar, se ha recogido prácticamente toda su vertiente experimental. Los autores de esta antología, Gian Pierre Cordalupo y Chús Arellano, se han dedicado a escarbar y recopilar en los fondos de la Biblioteca Nacional, institución a la que la familia entregó su archivo personal, todos los poemas visuales de este autor y han organizado un volumen en cinco secciones (más otra de Extras), siguiendo las directrices marcadas por el propio Boso en Los poemas concretos, la única antología[2[—póstuma— de este tipo de poemas que dejó organizada el propio autor.






[1] Este libro salió en 1994, publicado por La Fábrica y compilado por Fernando Millán, quien indicó a los antólogos de Deshablar que aquella antología había sido ideada por el propio Boso antes de su fallecimiento.

 ]2]Transcribimos estas palabras de un texto del propio Boso que aparece en la página 10 de Deshablar. En este sentido hay una conexión cercana con la propuesta que hizo Castillejo en su obra «La escritura no escrita».













Chús Arellano

Madrid, 1973. Alterna las facetas de profesor, poeta inédito y ex-lexicógrafo. En su tercera acepción, redactó diccionarios durante algunos años, entre los que destacan un diccionario para una agencia de noticias, otro con el académico Ignacio Bosque —Redes—, y diccionarios visuales. Como profesor imparte clases de Lengua y Literatura, y lleva unos cuantos años facilitando talleres de poesía para niñxs, adolescentes y adultos. Por último, como poeta publica poco, pero lleva escrito bastante: mezcla poesía con nuevas tecnologías, le gusta la anonimia, lo colectivo y las minúsculas, ha estado buscando sextinas por fuertes y fronteras hasta conseguir publicarlas en una antología de la editorial Hiperión (2011), ha viajado a China para hacer poesía digital; además formó parte del grupo Estruendomudo, de la revista entonces, y ha intentado construir una página cúbica. Coordinador (junto a otrxs) del Zírculo Inestable de Tiza, o del festival Aqueteleo de Arnedo; asimismo ha desarrollado una vertiente plástica a través de la elaboración de fotocopias y poemas visuales, ha trabajado con Ignacio Miranda en varias acciones perfopoéticas y forma parte del seminario de investigación euraca. Acaba de sacar, junto a Gian Pierre Codarlupo, una edición de la poesía visual de Felipe Boso en Arrebato Libros.