Los llamados Javis han hecho una incursión bélica en
calzoncillos. Quiero decir que han mostrado la guerra civil como un desfile de soldados
de cuerpo escultural y depilado en ropa interior, cuando no desnudo, en todo
el esplendor de su juventud y de su exhuberancia erótica. Por ello, nuestras
felicitaciones al director de reparto. Los desfiles de cuerpos “querellianos”[i],
brillantes y erotizados, serán no obstante carne de cañón de una batalla que los
devolverá rotos, sucios, heridos y deformados, si bien igualmente objeto de
exhibición escópica por parte de los cineastas. Y es que los Javis nos
proporcionan en esta La bola negra algo de lo que no había habido hasta
ahora en la filmografía sobre la guerra civil española: una visión pornográfica,
tanto del cuerpo del hombre joven, sano y sexualmente deseable (para quien
sienta deseos por un cuerpo masculino) como de ese mismo cuerpo masacrado,
herido, mutilado o muerto.
Es una mirada de deseo, una mirada erótica, una mirada que atraviesa todo el filme
y que condiciona su visión de la guerra. Los soldados que aparecen no luchan,
no se enfrentan a otros soldados, no matan en el fragor de la batalla, no roban, no expolian; se
exhiben, se muestran, juegan entre ellos, se tocan, se miran. Son guapos, bien
formados, de cuerpo proporcionado, efebos griegos en movimiento. Se alzan como el ideal de una fantasía homoerótica. Son, por tanto,
soldados irreales, inexistentes, falsos.
Esto nos vale para avisar y advertir que La bola
negra no ha de considerarse como una película sobre la guerra civil (y no
solo por la deformación anteriormente descrita); tampoco es una película sobre
Federico García Lorca. No. La bola negra se vale de la guerra y del mito
de Federico García Lorca (que no de la persona ni del literato Federico García
Lorca) para fraguar una cinta en la que mostrar al espectador la particular
visión de la vida, de la Historia y de la sociedad que han forjado desde hace
décadas los activistas del colectivo denominado por ellos mismos LGTBI+, una
sopa de letras en la que se pueden incluir tantos conceptos como se desee. El
que una película intente adherir a una agenda política al espectador o
convencerlo de que ha de abrazar una concepción determinada de la sociedad o de
la vida, siquiera sea una visión tan modesta como la regida por los apetitos
sexuales o las inclinaciones sentimentales, no la convierte automáticamente en desdeñable.
Hay grandes películas de propaganda que han pasado a la Historia del Cine y que
permanecen en la memoria del espectador. Sin ir más lejos y por citar dos
ejemplos de programas contrapuestos, ahí están aún dando guerra El acorazado
Potemkin y Uno, dos tres. Sería excesivo pedir a los Javis que
alcanzaran las alturas estéticas e intelectuales de Eisenstein o de Wilder, de
Nina Agadzhanova o de I. A. L. Diamond[ii].
No es pertinente. Pero lo que sí se debe exigir a cualquier cineasta que quiera
convencernos de algo, o acercarnos a su redil, es un cierto apego a la
realidad, una relación sincera con los acontecimientos y personas de que trata,
en este caso a la realidad histórica de la guerra civil, de las personas que
hicieron la guerra[iii]
y de Federico García Lorca. Desfigurar la guerra utilizando para ello el
artificio del erotismo homosexual, extraña y contradictoriamente combinado con
el sempiterno maniqueísmo moral, en este caso un tanto imperfecto[iv],
y hacer manar de la pluma o de la boca de Lorca cosas que él probablemente nunca pudo decir en público, construir un personaje que habla, se
mueve y acciona como nunca habló, se movió o accionó Federico; y más explícitamente,
hacer pasar a Lorca como un afeminado, cosa que nunca fue, no son estrategias
dignas de una obra a la que haya que mostrar demasiado aprecio. Los Javis, como
tantos otros antes que ellos, contribuyen al cada vez más frecuentado ejercicio
del manoseo de la guerra y de sus protagonistas, en este caso de Lorca, para
expresar a través de esta guerra idealizada y de una obra lorquiana que nunca
en realidad llegó a existir (la famosa La bola negra) ideas que contradicen
los textos de Lorca (sin ir más lejos Poeta en Nueva York). ¿Es
necesario hacer notar que en los años veinte y treinta, la sociedad, la alta
sociedad a la que pertenecía Lorca, incluido el homosexual que era Lorca, el hijo
de terratenientes andaluces que era Lorca, el "señorito" que era Lorca, se movían en unos parámetros mentales
en los que no cabían ni de lejos los valores de la sociedad española de 2026, y
mucho menos de los activistas LGTBI+ del año 2026, los valores y las ideas, en
definitiva de los Javis? Por ello es difícil creer lo que vemos y oímos en la
pantalla, muy difícil, por lo menos para el que esto suscribe. La película en
definitiva carece de verosimilitud y ello crea una distancia insalvable entre
la obra y el espectador no arrollado por el torrente propagandístico que ha
engullido cualquier visión crítica de esta cinta. Lo grave del asunto es que
ellos, los Javis, son conscientes de esta falla, aunque parece no preocuparles porque
prefieren sacrificar el rigor al programa, algo muy extendido por desgracia hoy
día. Javier Ambrosi, uno de los Javis, declaró que “‘La bola negra’ no es
una película sobre Lorca. No es un biopic sobre Lorca. No pretende hacer
justicia con nada”[v].
Uno no puede estar más de acuerdo con esta afirmación.
Título: La bola negra
Dirección: Javier Calvo y Javier Ambrossi (Los Javis)
Guión: Javier Calvo, Javier Ambrossi y Alberto
Conejero
Fotografía: Gris Jordana
Música: Raül Refree
Reparto: Guitarrica de la fuente, Miguel Bernadeau,
Carlos González, Penélope Cruz, Milo Quifes, Glenn Close, Lola Dueñas, Antonio
de la Torre, Albert Pla, Antonio Dechent.
[i] De Querelle, de
Reiner Werner Fassbinder. En todo caso al que esto suscribe también le vienen a
la memoria dada la puesta en escena de determinadas secuencias de los guapos y
sexualizados soldados, las bañistas de la Keystone de los años 10 y 20, y el cine
de destape español de los años setenta, salvadas sean las distancias. Todo es
celebrar la mirada lúbrica masculina, sea heterosexual u homosexual; poca
diferencia hay, salvo que los Javis se protegen tras una coartada
reivindicativa, cosa que no pudieron hacer Mariano Ozores o Lara Polop.
[ii] Guionistas de El acorazado Potemkin y de Uno, dos, tres respectivamente.
[iii] Obviemos las
caricaturas de los miembros del casino y de los mandos franquistas, más propias
de una imaginería tebeística que de otra cosa.
[iv] Imperfecto desde el
punto y hora de que los soldados franquistas, dada la perfección de sus
cuerpos, la belleza de que están dotados y su afán permanente de exhibición,
son objeto de deseo. También imperfecto dado el hecho de que el protagonista,
por cierto un personaje cuyos rasgos de carácter y biográficos no facilitan la
empatía, es soldado del bando de los militares alzados.
[v] Diario As, 21 de
septiembre de 2026: https://as.com/meristation/cine/javier-ambrossi-sobre-la-bola-negra-no-es-una-pelicula-sobre-lorca-no-es-un-biopic-sobre-lorca-no-pretende-hacer-justicia-con-nada-f202609-n/



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