Hay un momento de la vida, cuando aún somos jóvenes y estúpidos, en que creemos que las manzanas son redondas solo para poder pelarlas con mayor facilidad. Las hacemos girar en una mano mientras dejamos el cuchillo aparentemente quieto en la otra. ¿Sabes pelarlas sin romper la continuidad de su piel, de manera que caiga toda entera como una espiral? Observa la relación entre el cuchillo y la manzana: quien más se mueve es quien más pierde. Los de la zona de control debemos, de igual forma, movernos poco, que sean ellos, los repartidores y proveedores y operarios y personal de limpieza, quienes vayan con prisas, a salto de mata todo el día, entregados al diablo de su ansiedad. Pero también he dicho que dejamos el cuchillo aparentemente quieto. Eso significa que se mueve y que, sin embargo, nadie lo nota. Su eficacia es la de ser cuchillo y no querer ser otro objeto: cartera, calculadora, libreta, llave.

    Te explico esto porque llegará el día en que tendrás que actuar fuera de esta zona de control. “El que siempre está quieto nota que sus movimientos adquieren un significado especial para el mundo cuando actúa”, me dijeron la primera vez que salí de aquí con una misión. Y entonces me contaron también lo del cuchillo y la manzana como yo te lo cuento a ti. ¿Que ahora todo encaja? Piénsalo. Habrá dos o tres veces en tu carrera profesional en que tendrás que salir de estos límites para enfrentarte a algo que es objetivamente más fuerte que tú, y el Comité de Dirección, recuérdalo, no aceptará de ningún modo que fracases. Actuar fuera de la zona de control es el equivalente a tratar de pelar una manzana cuadrada.

            Aluden al término “matar un dragón” para referirse a lo que debes enfrentarte al menos una vez en tu vida laboral (serán dos o tres, cuenta con ello) y que desafiará tus capacidades. Objetivamente. Mi peor “dragón” fue, sin embargo, un perro pulgoso y de orejas caídas. No deja de ser curioso que a un perro pulgoso y de orejas caídas lo llamen “dragón” en la jerga simbólica de los mandamases. ¿Ves cómo nombran el mundo a su antojo? Si así lo desearan, podrían cambiar el nombre de los ríos, de los golfos, de los mares, y al día siguiente aparecería en los mapas. ¿Te preguntan a ti o a mí? No. Ellos tienen a sueldo publicistas, renombradores, expertos en comunicación. A ellos sí les preguntan, muchacho. Tú y yo acabamos, simplemente, aceptando que a un pobre chucho inofensivo y algo ladrador lo consideren una amenaza real para sus intereses y acabes, por tanto, siguiendo sus instrucciones y deshaciéndote de él.

            Pero a lo que iba. En la mano derecha el cuchillo, en la izquierda, girando, la manzana, su piel cayendo en forma de espiral perfecta, lentamente. Pierde quien se mueve… No es muy distinto del escondite inglés. Uno se pone contra la pared y los demás avanzan con sigilo. Cuenta hasta diez y se gira. Al que vea moverse lo expulsa. Este sí lo conoces, ¿verdad? ¿Tampoco? No sé por qué tengo la impresión de que los jóvenes de hoy en día llegáis a la vida adulta con menos infancia cada vez. En la mayoría de los juegos infantiles no interviene el azar.

    Por eso los prefiero a los juegos de adultos. Hace décadas que no juego a nada y, sin embargo, recuerdo aquellos días de la infancia, en el patio del colegio, con un cariño imborrable. Un cariño esencial. ¿Los niños de hoy siguen saliendo al aire libre de ese modo, quiero decir, creyendo que siempre serán niños? Es una sensación de libertad comparable tan solo a los veinte minutos de impunidad que suceden al orgasmo cuando somos adultos. La eternidad son esos veinte minutos, ¿no crees? Uno se queda desarmado, vencido, sin poder, sin secretos.







RAÚL NIETO DE LA TORRE (Madrid, 1978) es licenciado en Filología Hispánica y doctor en Literatura Española por la Universidad Autónoma de Madrid. Ha escrito una decena de libros de poesía, entre los que destacan Piedra negra, piedra blanca (Huerga y Fierro, 2022), El retrato del uranio (Cuadernos de la Errantía, 2020), Leopardo (Tigres de papel, 2017) y el volumen Canción sin tiempo (Mahalta, 2024), que recoge su poesía desde 2006 a 2016.También ha publicado el estudio El héroe de ficción y las ficciones del héroe en la obra narrativa de Luis Landero (Pliegos, 2015). El palacio vacío (Contrabando, 2026) es la primera novela que publica.