EL MINUTO ÚNICO E IRREPETIBLE

Dijo que se había olvidado de unas cosas, que subía a la redacción, buscaba lo que necesitaba y enseguida bajaba. Enrique lo dejó ingresar, pero su mirada de desconfianza no se le retiró mientras por su parte buscaba el ascensor y cerraba la puerta lo más rápido posible tratando de que no se evidenciaran sus nervios, la palidez, el temblequeo del cuerpo.

Agudizado por el alcohol y las pastillas para darse ánimo, salió rápido del cubículo porque se sintió mareado, como si se le anticipara la jaula que lo esperaba. Se sentó frente a la computadora apagada, buscando recuperar ánimo, tranquilidad. Los necesitaba. Corría la tan mentada carrera contra reloj. Enrique se haría presente si se demoraba más de la cuenta.

        Se dijo “vamos” e inmediatamente después de haber prendido la computadora introdujo el pen drive con su nota. Su propósito era la de colocarla en la edición del diario, próximo a imprimirse. Introducir su caballo de Troya ni un minuto antes ni uno después. Luego de que se hicieran los controles, en el tiempo mínimo, casi inexistente, solo calculable por los muy entendidos (él, entre ellos) en el que el caballo puede empezar a galopar.

Allí fueron: la denuncia al juez que guardaba su dinero en el paraíso fiscal, el compromiso del empresario con el ministro, el asesinato de la mujer que le sobraba al banquero, la destrucción del opositor al dirigente gremial, el casamiento del jefe policial con el narco, la compra falsa de terrenos fiscales, la muerte nada accidental del líder del barrio, el auto que chocó de frente al brillante estudiante, pero bocón.

Y más. Y más. Y más. Cuanto fue callando en su vida de periodista de las tres c: callado, complaciente, cómplice.

Ahora, cuando se sabe próximo a la muerte.

Cuando por fin se ha decidido a decir su última palabra en su minuto único e irrepetible.

 

Santa Fe, jueves 23 de abril de 2026



ENNEGRECIDAS LAS PUNTAS



La foto ha ido ennegreciéndose en las puntas y una ligera mancha se ha posado en su sonrisa, en la cara que destila alegría, sol radiante, estaban en la montaña, están estuvieron allí sonrientes la mancha cambia la cara el gesto el sentido de las cosas en el hombre que en la fotografía ha mutado a otra cosa y la mancha destiñe hace desaparecer la felicidad de él ella a su lado, su peinado lacio se confunde con una marca sesgada que le cambia modifica la forma en que su pelo la enmarcaba entonces cuando todo ese cuadro destilaba felicidad

Vale decir, el pasado, el pesado pasado que está en la foto que ahora mismo tiende a hacerse menos actual ya no es ahora mismo lo que venía siendo el momento justo de la felicidad de ambos sorprendidos por ahora se está sabiendo quién en esa zona de montaña donde se refugiaron buscaron refugio para no ser encontrados lugar para el amor no digamos la conciliación sino el encuentro de dos desesperados. Duró lo que dura un lirio

Expresión popular que en este caso tiende al error porque aún late lo que latió en la montaña en las emociones en los sentimientos de los enamorados clandestinos diría la calle es una manera huidiza no totalmente equivocada sí imprecisa de lo que fue para ellos eso que pasó y que sigue pasando de cierta manera en la montaña mañanas luminosas

Hubo una batida es pregunta y es respuesta aunque batida no sería la palabra adecuada sería es búsqueda los buscaron El hombre el traicionado estaba que hervía dice la mujer secretaria que guarda secretos de quien manda que lo vio en ese trance en esa estacada en esa sorpresa de la vida cuando advirtió cama tendida seis de la mañana ausencia total de quien debería estar ahí ocupándola quizás esperándolo pero no dónde está se preguntó preguntó búsquenla ordenó como quien ordena al perro que encuentra al pobre conejo desesperado habría que decir coneja coneja desesperada

Porque los que estaban ávidos de amor ansiosos bocas brazos piernas ardor deseos explosiones gemidos hasta posibles no tanto pero posibles gritos en esa casita en ese lugar como si no pudieran más sin aire apurados atenazados dispuestos predispuestos ávidos sujetados una carrera por la vida carrera contra la muerte bien que lo sabían

Estaba la foto tomada en la montaña reían no podían creerlo lo conseguido el reloj en contra era como si las nubes volaran en sentido contrario las montañas movedizas el péndulo de la vida que se detenía tan pronto tan de pronto no se puede no se debe es todo un relato del medioevo por qué no nosotros la explicación que no explica nada y que la da el poder al hombre del poder no se le hacen esas cosas

Uno de ellos por decisión del hombre del poder fue el que salió tras ellos sin rumbo torpe en sus movimientos y en sus preguntas pero preciso cuando llegase el caso si llegaba si llegaba a encontrarlos si hubieran buscado refugio en una ciudad grande hubiera sido un problema porque la gran ciudad es laberinto distinto eligiendo las montañas como si detrás de ellas pudieran esconderse rumbearon mal le dice al hombre porque así es más fácil y cuando los encuentre qué hago vos sabrás dice el que termina su vaso de whisky y lo deposita en ese lugar donde se encuentra en el que reina la maldad parece guion malo de película mala igual donde reina la maldad

Que creían que en ese lugar chico y agradable y de ambiente cálido con árboles añosos creciendo entre piedras en medio de un poco escasa tierra entrarían sin más en el Paraíso Terrenal todo a su disposición y el vientecillo de las sierras y las nubes bajas de las sierras y el pan crujiente y la masa esponjosa y el cálido alcohol y la estrechez de la cama y la cercanía proximidad confusión de los cuerpos y tiempo a favor harían las cosas fáciles las aclararían no habría nada más que aclarar

Error porque el enviado del mal llegó los encontró los vio los tuvo a tiro le preguntó al hombre qué hago y el del poder dijo lo que dijo y el peón todo servicio hizo lo que hizo y de ellos quedó apenas una fotografía ennegrecida en las puntas. 








Carlos Roberto Morán. Soy un escritor nacido y residente en la ciudad de Santa Fe, Argentina. Libros publicados: Territorio posible (México, 1980), Noticias desde el sur (México, 1986), Noticias de Sergio Oberti (Argentina, 1990), Ella cuenta sobre el mar (Argentina, 2006), Historia del mago y la mujer desesperada (Argentina, 2012), Tríptico de Verónica y otros cuentos (Argentina, 2017), Lo cierto, lo probable, lo imposible (Argentina, 2019), Las cosas suceden (Argentina, 2020), Las cosas suceden (reedición, Estados Unidos, 2021).