ESTE PÁJARO NO TIENE QUIEN LE ESCRIBA

 

Some words are unforgivably ugly

Graeme MacDonald

           

 

El chotacabras no tiene quien le escriba

La culpa la tiene el diccionario

El que inventa vocablos no siempre es sabio:

hay palabras imperdonablemente feas

Dylan Thomas se extasió celebrando al nightjar

Mete chotacabras en un poema en español

Verás cómo empieza a hacer agua y se hunde

 

El troglodita no tiene quien le escriba

a no ser que hablemos de Lascaux o Altamira

el hombre de las cavernas en sus días de esplendor

El troglodita, un ave diminuta

no puede con el peso de su nombre

Los poetas lo rehúyen, marcan su presencia

con asterisco y nota a pie

u optan más bien por llamarlo chochín

¡Loor al chochín que anida en una cueva!

No hay quien le escriba al chochín

 

Salgamos al patio, es abril, hace sol

En torno al comedero rondan los páridos

¿Dónde está el poeta que cante a los páridos?

Miremos fascinados el festín de colores

el juego de amarillos y verdes y azules

¿Son o no son criaturas entrañables?

Aquel pequeño con aspecto de colegial

se llama herrerillo, prueba metiendo

la palabra herrerillo en un poema

Este es un carbonero garrapinos

este otro un carbonero palustre

y aquel más grande un carbonero común

Ningún carbonero tiene quien le escriba

aún con la nota de rigor a pie

Prueba entonces en inglés: son tits

A blue tit, a coal tit and a marsh tit

y el más grande de los cuatro a great tit

Digámoslo de una vez

El herrerillo es una teta azul

Los tres carboneros: una teta de carbón

una teta palustre y una teta mayúscula

Poemas sobre tits, ¡por favor!

Señoras y señores, remedio no hay

La culpa la tiene el diccionario

 

Un poeta chileno emprendió la tarea

de alabar la naturaleza autóctona

dedicando un soneto

a cada especie de ave de su país

Su soneto sobre el cóndor es soberbio

Su soneto al cisne de cuello negro

despliega una elegancia fuera del común

Su soneto del chincol enternece hasta el llanto

Embelleció a pájaros de color anodino

a la tenca, al tordo, a la diuca, al zorzal

Celebró el vuelo de las garzas y gaviotas

que habitan las largas costas de Chile

y se codeó con Baudelaire y con Coleridge

en su himno a un albatros de ceja negra

Pero topó entonces con un pájaro bello

de pecho amarillo y capucha gris

un pájaro de canto melodioso

cuyo nombre es “cometocino”

Inició un soneto sobre el cometocino

Terminó arrancándose el pelo

El poeta chileno se resignó al fracaso

Tiró los papeles al tacho de basura

Nadie conoce el soneto del cóndor

los poemas a la tenca, al tordo, al zorzal

Aves marinas al fondo de la cesta

Chincoles y diucas y cisnes al carajo

 

La culpa la tiene el diccionario, dijo

el poeta chileno que emprendió la tarea

El cometocino no tiene quien le escriba

 

 

 

 


HOMO SAPIENS

 

Es el buitre ave rapacísima, y carnicera: y aún dice Eliano, que desean tanto comer de los cuerpos de los hombres muertos, que adivinan muchos días antes, cuando ha de haber mortandad; y así suelen ir en seguimiento de los ejércitos, y es señal que se han de encontrar, y matarse mucha gente.

                                 F. Marcuello. Historia natural y moral de las aves, 1617

 

 

1

 

 Ruge el horizonte. Se oyen los tambores

de la primera guerra del milenio, o es acaso

la fermentación de la lava subterránea

una primera sacudida sísmica del suelo

o el trueno de unas nubes negras que se apilan

como torres sobre la tierra seca

 

 

 2

 

Ruge el horizonte su larga amenaza

La oigo en la radio, retumba a través

de la prosa seca de los periódicos

Pasa una misión de aviones invisibles

Los veo en primera página, van

y vuelven, repartiendo paz

entre los pueblos

 

 

3

 

En algo se asemeja este nuevo milenio

al que ayer despedimos entre lágrimas

Este hombre, por ejemplo –que se ve en la foto–

ha perdido su casa, sus hijos, su mujer

ha perdido la mitad de su cara

Perturba su fealdad

 

 

4

 

Ruge el horizonte y el ruido atrae

grandes bandadas de aves carroñeras

–empezará muy pronto el festín–

Y detrás de los aviones y las aves

los que ganan su pan de cada día con la muerte

Y detrás de la mesa del comedor, nosotros

 

 

5

 

Observen

    los enjambres de moscas que dan vueltas en torno a ese muerto

Calculen

    la cantidad de cadáveres que caben en la pantalla

¿Cuántos litros de lágrimas se lloran en el transcurso de los telediarios?


 

6

 

Por todas partes charcos de lágrimas

Aguas que no saciarán la sed

del que avanza a gatas sobre el pasto ensangrentado

Debajo de los párpados una pinza se aprieta

Las escamas del ojo se descascaran en el llanto

Es el llanto de un sueño irrisorio

el que llora el triunfador

ante los estertores del vencido

Víctima y verdugo, cielo, monte y árbol astillado:

en el campo de batalla lloran todos



7

 

Pero ríense y se alimentan

los cuervos, los chacales, las hienas, las urracas

Ríense, se limpian la saliva de las bocas

los perros asilvestrados, las ratas, los gusanos

Ríense y se alimentan, sobre todo, los buitres

Ríense a carcajadas y a más no poder

Se ríen y nosotros también nos reímos

 

8

 

Es una gran risa planetaria, la nuestra

 

 

[ De BINNS, Niall, Brownbird, Ediciones Universidad Arturo Prat, Iquique, Chile]





Fotografía de Sergio Marras Vega

 


NIALL BINNS, nacido en Londres de padres escoceses y educado en Oxford, Santiago de Chile y Madrid, imparte clases de literatura latinoamericana en la Universidad Complutense. Ha publicado libros sobre Nicanor Parra, Jorge Teillier, la repercusión de la guerra civil española en intelectuales extranjeros (https://www.ucm.es/impactoguerracivil) y sobre el impacto de la crisis ecológica en la poesía de América Latina. Está a punto de publicarse su ensayo La república de los pájaros (Madrid, 2026). Preparó una traducción y edición crítica de Aves y hombres, del angloargentino W. H. Hudson (2022), y es coinvestigador principal del proyecto I+D+i «Biodiversidad poética. Representación de las aves y competencia ornitológica en la poesía latinoamericana» (https://www.ucm.es/bipoet). Entre sus libros de poesía se encuentran Tratado sobre los buitres (Alzira, 2002; Jujuy, 2009; Santiago de Chile, 2011) y las antologías Oficio de carroñero (Caracas, 2006), Salido de madre (Santiago de Chile, 2010) y Brownbird (Iquique, 2015).