Babelia, suplemento cultural de El País, publica una entrevista con preguntas más o menos fijas a gentes de la cultura. Como, hasta la fecha, no se nos ha brindado la oportunidad, algunos amigos de oxi-nobstante hemos decidido responderlas y compartirlas con nuestros queridos lectores. Con afecto, aquí van algunas.
CARMEN PEIRE
¿Qué la llevó a escribir su último libro, Mapas de asfalto?
Salió de una historia real que me contaron a la que añadí mi particular homenaje a los barrios de las ciudades.
¿Qué libro la convirtió en lectora?
Los primeros libros de tapas duras que pedí a Papa Noel: Los cuentos de los hermanos Grimm y los cuentos de Andersen.
¿Y en escritora?
La vida y muchísimos libros.
¿A qué hora del día prefiere escribir y en qué lugar?
Me da igual la hora. El lugar, mi mesa de trabajo y mi ordenador, donde sea.
¿Cuál es la mejor crítica que ha recibido?
La de mi hijo y la de un señor de Carabanchel que evocó con la novela la vida de su padre.
¿Y la más demoledora?
La de mi hijo
¿Cuál es la película que ha visto más veces?
Creo que Casablanca y Los Olvidados de Buñuel
Una obra literaria reciente que le fascinara.
De lo leído en los últimos años y de publicación reciente (no un clásico) diría: La llamada, de Leila Guerrero y Martinete del Rey Sombra, de Raúl Quinto. También Hamnet de Maggie O’Farrell
¿Cuáles son sus tres escritores de cabecera?
Cervantes, Galdós y empate entre Max Aub y Chejov
¿Cuál es la última exposición, concierto u obra de teatro que le gustó?
Exposición: la del exilio en Casa de América y la de Maruja Mallo. Me encantó también la de Lita Cabellut sobre la serie negra de Goya.
Obra de teatro: Todos los ángeles alzaron el vuelo, de La Zaranda, mi grupo de teatro favorito.
¿Qué libro tiene ahora mismo en su mesilla de noche?
Los episodios nacionales.
¿Uno que no lograra terminar?
La península de las casas vacías.
¿Qué canción usaría como autorretrato?
Yo soy esa.
¿En qué museo se quedaría a vivir?
En ninguno. Visitaría muchos, pero vivir, vivir…
Una serie que haya visto de un tirón
Querer.
¿Tiene algún placer culpable en materia cultural?
El placer no es, al menos para mí, culpable.
¿Qué trabajo no aceptaría jamás?
Juez o policía nacional.
¿Qué está socialmente sobrevalorado?
El dinero.
¿Cuál es su suceso histórico favorito?
La revolución rusa de 1917 y la instauración de la república en España.
¿A quién le daría el premio Cervantes?
Angelina Muñiz Hubermann, María Victoria Atencia, al autor de El Quijote.
De no ser escritora le habría gustado ser…
Astrofísica o cantante de cabaret.
ANTONIO JIMÉNEZ MORATO
¿Qué lo llevó a escribir su último libro, NOLA?
Escribí
NOLA por dos motivos. El primero, íntimo, era escribir con periodos
sintácticos largos, larguísimos, capítulos de un solo párrafo que serpenteasen de
modo infinito, una improvisación de jazz en la que no sabes dónde llegarás
cuando comienzas, pura hipotaxis. El segundo, temático, era escribir sin
género, donde todo tuviera cabida, y me pareció que cristalizar eso en torno a
la ciudad donde había vivido cinco años no era mal punto de partida.
¿Qué
libro lo convirtió en lector?
Los
cómics y los manuales de Historia. Desde muy pequeño leía los libros de texto
de mi hermana, que tenía tres años más que yo, y cuando terminaba con los suyos
seguía con la biblioteca del colegio, incluso los editados durante el Franquismo,
horrendos. De niño quería ser historiador. Hace poco me di el gusto de comprar
la serie completa de Historia de España
Alfaguara editada por Jaime Salinas en Alianza que leía de adolescente.
¿Y
en escritor?
Adquirí la
noción de que uno puede armar un artefacto planificado por el que transita un
lector con dos libros que leí, por azar, de modo sucesivo cuando tenía trece años,
Crónica de una muerte anunciada primero, y luego Paradox, rey.
Con esos dos estribos levanté un puente.
¿A
qué hora del día prefiere escribir y en qué lugar?
Soy
nocturno por lo general y escribo con el ordenador conectado a internet porque
tengo la necesidad compulsiva de confirmar la exactitud del dato que quiero
usar. Eso me hace irme por los cerros de Úbeda a menudo, pero forma parte de la
diversión. He aprendido cosas muy peregrinas por ese motivo.
¿Cuál
es la mejor crítica que ha recibido?
Los
halagos no deben exhibirse, salvo que esté muy necesitado de reconocimiento o
tenga muchas inseguridades. Para hacer el ridículo con esas cosas uno tiene que
llegar alto, a director de la Academia, por ejemplo, como evidencia el director
vigente en la web de la institución.
¿Y
la más demoledora?
No
he llegado a tener la suficiente notoriedad como creador para recibir ásperas
críticas. Habré recibido muchas a mis espaldas, así funciona este mundillo
lleno de camarillas y mediocres miserias. Hay que recordar que no ofende el que
quiere, sino el que puede.
¿Cuál
es la película que ha visto más veces?
He
visto mil veces y las vuelvo a ver cuando me las topo hasta haberlas memorizado:
las dos primeras de El padrino. También Con faldas y a lo loco o El
verdugo y, siquiera porque no es desagradable verla de nuevo cada año, Qué
bello es vivir. Una menos común que vi mil veces de niño fue Acompáñame,
de Luis César Amadori, con Rocío Dúrcal y Enrique Guzmán de protagonistas. Mi
madre era fan de la Dúrcal, y de todas sus películas esa era la que más me
gustaba.
Una
obra literaria reciente que le fascinara.
Como
lo de reciente es muy dúctil escogeré un libro de 1992 traducido al castellano
en 2003: El distrito de Sinistra de Ádám Bodor. Junto a Kertesz o
Krasznahorkai, es otra de las joyas magiares que nos ha regalado Adan Kovacsics,
la más oculta porque casi seguro Bodor se irá sin el Nobel. Si se trata de
autores que no han necesitado ser traducidos me decanto por Wilmer Urrelo
Zárate. Llevo diez años esperando su nueva novela y cada año le escribo para
saber cómo la lleva, porque las dos anteriores son monumentos.
¿Cuáles
son sus tres escritores de cabecera?
Hace
años me preguntaron lo mismo y dije «Truffaut, The Beatles y Freud». Hoy diría
Chris Marker, Caetano Veloso y Didi-Huberman. Pero me preguntas mañana y te
digo otros.
¿Cuál
es la última exposición, concierto u obra de teatro que le gustó?
Al
teatro apenas voy porque me gustó poco lo que vi, a los conciertos he dejado de
ir porque son caros, y luego debo volver a deshoras en coche al pueblo donde
vivo, lo que es disuasorio. Hace un par de meses aproveché un poco de tiempo
libre en Madrid para ver la renovada muestra de los grabados de Goya en la
Academia de San Fernando. También me impactó el edificio de la Galería de las
Colecciones reales, junto con alguna de sus piezas como la prínceps del
Quijote. Y tengo guardada en la memoria, y eso que era un chaval, en el 94, la
de Beuys en el Reina Sofía, sobre todo la experiencia de meterme en la sala
donde recrearon Plight.
¿Qué
libro tiene ahora mismo en su mesilla de noche?
Leo
mil cosas a la vez. Estos días me doy el gustazo de releer todo Blake y
Mortimer gracias a los integrales que recuperan todos sus álbumes, tanto los
originales de Jacobs como las secuelas hechas por otros autores.
¿Uno
que no lograra terminar?
Muchos,
hace tiempo que no me someto al suplicio de terminarme un tostón. Ni siquiera
voy a pasar el mal trago de esforzarme en recordar algún título.
¿Qué
canción usaría como autorretrato?
No
sé si hay una canción que me autorretrate, sé que no me canso de escuchar
algunas como Undiú de João Gilberto.
¿En
qué museo se quedaría a vivir?
Las
cafeterías de los museos son bastante espantosas. Prefiero vivir en una casa de
Aalto, Lloyd Wright, Le Corbusier o Loos. Acaso alguna de las que hizo Fernando
Higueras en Madrid. Hace años pusieron a la venta la Casa Huarte, es una lástima
no ser rico para haberme dado ese regalo.
Una
serie que haya visto de un tirón
Todas
las series hay que verlas del tirón, sobrellevan mal la periodicidad semanal,
por eso las plataformas han eliminado ese impedimento. De lo más conocido me
quedo con The Wire, aunque la mejor, el problema es que la mayoría no la
ha visto, es el Decálogo de Kieslowski.
¿Tiene
algún placer culpable en materia cultural?
Con
el paso de los años lo que no era considerado alta cultura pasa a serlo. Hammett,
Chandler, Leonard o Simenon, por ejemplo, ahora son incuestionables. Como uno
es crítico por fatalidad, la gente con la que convivo lo sabe, soy muy capaz de
explicar por qué algo que no lo parece es en realidad alta cultura, y también
por qué algo en apariencia elitista es prescindible. La crítica es la que
modela eso del placer culpable, así que no me lo tomo muy en serio.
¿Qué
trabajo no aceptaría jamás?
Vengo
de una familia humilde, los pobres no podemos permitirnos los lujos de los
burgueses. Uno puede hacer cosas que nunca habría imaginado si te obliga la
necesidad.
¿Qué
está socialmente sobrevalorado?
La
sociedad misma está sobrevalorada, todas las cosas que se hacen en grupo, en
masa. Cuando mucha gente se pone de acuerdo en algo es porque estimula sus
bajos instintos. Por esto es tan peligroso el fascismo. Entendieron eso muy
rápido, por eso no hay quien los frene.
¿Cuál
es su suceso histórico favorito?
El
día de mi nacimiento, me abrió un abanico de posibilidades.
¿A
quién le daría el premio Cervantes?
Los
autores de las tres novelas más importantes de las últimas décadas se fueron
sin él: Bolaño, Levrero y Sada. Luego ves la nómina de premiados y te da la
risa floja. Hoy yo se lo daría a María Moreno, sin dudarlo. Aira juega ya en
ligas suecas.
De
no ser escritor le habría gustado ser…
Yo no pago las facturas con mi trabajo como escritor, así que no sé si puedo considerarme uno (en la gestoría y la Agencia Tributaria dirían que no), pero, puestos a ser otra cosa, elijo ser rico. Como Fernán-Gómez, siempre me he visto muy capacitado para vivir sin hacer nada.
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