Javier Morales llega a la cita puntual, con ese
cuidado que tiene con las demás personas que habitamos el planeta. Trae a mi cabeza una reflexión de su nuevo libro Mientras quede una rosa. Miradas de
John Berger, ¿cómo estar en el mundo sin
reconocer a los otros seres vivos que nos acompañan?
Como Marisa Camino, la primera bergeriana que aparece
en el primera capítulo, acudo a la entrevista con Morales como ella acudió a
conocer al pensador: para estar. Sin mayor propósito.
Escribe Javier que la generosidad y la
gratitud son las membranas sobre las que se sostiene el mundo al relatar cómo John
y Marisa Camino se conocieron. Morales, el escritor –que también es periodista
y profesor de escritura creativa– narra el encuentro a dos voces: la de él y la de ella. La magia la
crea desde las primeras líneas de su última publicación.
El texto se inicia en las Cartas a Marisa
Camino con una frase que anuncia el pensamiento de Berger: Ni la belleza ni la
vida tienen cabida en la cultura del expolio y la depredación.
Tuve claro que quería iniciar el viaje con Marisa Camino por la
relación que tenía con John Berger. El libro lo planteé como un diálogo con él,
con alguien que está muerto porque concibo la literatura como un diálogo entre
personas que están muertas con personas que siguen vivas. Es como si en ese
diálogo, el pensador estuviera respondiendo de alguna forma.
De
esa relación entre pensador y pintora, surge un título que desprende sabiduría.
El título es la apropiación de
una frase de John Berger que le hizo a Marisa Camino, madrileña y artista que
fue a una presentación del pensador en la Residencia de Estudiantes de Madrid.
Para agradecerle todo lo que había aprendido de él, como reconocimiento, le
entregó unas pinturas suyas. A Berger le gustó el gesto. Le dejó su dirección y
le dijo que si algún día pasaba por su casa de Quincy le fuera a ver. Al cabo
de un tiempo Marisa tuvo que acudir a un evento de arte. Aprovechó el viaje y
pasó a visitarle. A partir de ahí iniciaron una relación de amistad y
profesional con intercambio de cartas y dibujos, incluso hicieron una
exposición conjunta en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.
En esa visita Marisa le preguntó
cuánto tiempo iba a permanecer en ese pueblo pequeño, algo que le sorprendía
porque el crítico de arte había vivido en la gran metrópoli londinense. Él se
acercó a su huerto, cogió una rosa, se la dio y le respondió “mientras quede
una rosa”. Me pareció un gesto muy poético. Aparte de la belleza del momento,
la rosa simbolizaba la esperanza en un mundo tan oscuro como en el que vivimos. Un
signo de que aunque parezca que las cosas van muy mal, mientras quede una rosa,
habrá esperanza.
En el libro tienen cabida aquellas
personas que rodearon y acompañaron al poeta que no se consideraba poeta. Pero
no están todos los bergerianos.
No quise hacer una especie de catálogo riguroso, también por mi
forma de escribir. Me sirvió mucho el homenaje en el Círculo de Bellas Artes.
Tenía muy claro que no iba a ser una biografía, ni un ensayo, quería recopilar
las miradas de John Berger, pero sin ser tan ambicioso en ese sentido. Creo que
hablé con las personas que fueron surgiendo, pero el objetivo final no era
hablar con tanta gente.
Desde que conozco a Javier le he oído
hablar de Berger, también dela idea de un texto sobre su vida y pensamiento.
Es un autor que me ha acompañado toda mi vida. Lo descubrí con
veinte pocos años, cuando leí Puerca Tierra, el primer libro de lo que él llamó
la trilogía De sus fatigas, que está enfocado en el mundo rural y en el
campesinado como clase. Está escrito en los años 70 y ya denuncia la
desaparición del campesinado. En ese momento ya dice una cosa que me parece muy
importante: que puede haber un mundo rural sin campesinos ya que se ha
industrializado tanto la agricultura como la ganadería. Cuando leí ese libro me
quedé muy impactado, al igual que otros que he ido leyendo después. Berger ha
tenido mucha influencia en mi manera de ver el mundo, no solo en la literatura.
Tanto es así que tras la lectura de Puerca Tierra me marché a un pueblo de
Extremadura a trabajar en temas relacionados con la agricultura.
Hace unos años decidí escribir algo sobre él. Como él tenía mucho
vínculo con España, se me ocurrió que este hecho podría ser un hilo conductor
en el libro. Cuando él murió se le hizo un homenaje en el Círculo de Bellas
Artes y gran parte de las personas que intervinieron entonces, aparecen
también. De alguna forma me sirvió para empezar a escribir algo después de su
muerte.
Una de esas personas que homenajearon a
Berger tras su muerte fue Manuel Rivas, escritor, periodista y amigo de Javier.
En el prólogo escribe que el libro es un lugar de encuentro, de abrazos.
Es un libro de
abrazos porque yo creo que Berger era alguien muy dispuesto a tender redes de
colaboración y de resistencia. Afectivas por un lado y de resistencia por otro,
como el activismo, la literatura o el arte. Es una red que se va creando a
partir de su obra, de alguna forma nos une y nos convierte en resistentes. Al
final un abrazo es una manera de resistir en un mundo tan frío donde cada vez
está menos presente lo afectivo y priman más las actitudes violentas.
La elección de Manuel Rivas para el
prólogo nos encamina a entender al pensador y crítico de arte, con el que tuvo
una relación a lo largo de toda su vida.
Su mirada me encanta
y siento por él una gran admiración. Tiene un libro ya descatalogado que se
llama El periodismo es un cuento. Esta obra es fundamental para mí
y me cambió la manera de ver el periodismo y la literatura por extensión. Es
una persona muy comprometida con la belleza y con el mundo, con hacer un mundo
más bello a través de la literatura.
El
café se ha enfriado mientras Javier se enfrasca en la conversación, le gusta la
calma de los lugares, lo que transmiten. Ha elegido Chueca para reunirnos,
abarrotada de turistas y viandantes en una tarde iluminada por un sol cálido. Con
la esperanza de que la lluvia nos dé un respiro, nadie se ha quedado en casa. A
nuestro alrededor los cruces de conversaciones se superponen a la nuestra.
Volvemos al libro que nos ha reunido.
Cuatro lunas es la editorial que ha apostado por su publicación, una mezcla de
géneros: ensayo, reportaje, y biografía. Le pregunto si puede ser el resultado
un reflejo de sus profesiones.
No diría tanto de mis profesiones, sino de géneros literarios que
me interesan. Eres siempre el mismo escritor pero te vas poniendo gorras
diferentes a medida que haces una cosa u otra. Como escritor puedes escribir
poesía, una novela, un artículo de opinión o un cuento, pero sigues siendo la
misma persona, el mismo autor. En este caso, Berger era un artista que también
intentó romper el género, y esto a mí me interesa, es una de las razones por
las que estoy interesado en su obra. Muchas de sus novelas son muy híbridas,
con mezcla de géneros. Me pareció muy interesante y para mí ha sido un reto
esta fórmula literaria de escribir el libro, hay un poco de reportaje porque
entrevisto a mucha gente, hay biografía porque aparezco yo, hay ensayo, y
biografía de Berger a través de su obra y de lo que piensa la gente que le
rodeó. Y, sobre todo, está la mirada hacia él con una prosa poética. Es mezclar
todo en uno. Ya se refleja en el primer capítulo, que es uno de los que más me
gusta porque tiene una estructura más novedosa, la de mezclar voces.
Le planteo que tras leer su texto, habrá
más bergerianos en este mundo.
Ojalá, y si te digo la verdad ese es uno
de los objetivos de este libro. Me encantaría que sirviera para dar a conocer
su obra porque me da la impresión de que, tras su muerte, ha quedado en el
olvido. Que sirviera como acicate para despertar el interés por su pensamiento.
Javier conoce bien el pensamiento de Berger, al
que se le ha considerado la voz de los seres más frágiles.
Él podía haber vivido muy bien, podría haber tenido otro tipo de
vida, pero su mirada estaba siempre con los más frágiles, fue un defensor de
las causas perdidas porque era su forma de entender el mundo.
Lo que siempre me ha interesado es que esa mirada hacia las
personas más frágiles, y también hacia los no humanos más frágiles, es una
mirada de belleza. En esa implicación hay una apuesta por lo estético y lo
literario, algo que siempre me ha atraído. Creo que Berger es alguien que te
interpela, que abre una rendija por la que puedes ver el mundo de la gente más
desfavorecida. Él lo cuenta en toda su crudeza, pero, al mismo tiempo, es capaz
de darte una rosa para devolverte esa mirada haciéndote ver que hay
posibilidades de resistencia y hacerlo de una manera muy bella.
A pesar de su admiración por el pensador,
no está de acuerdo con él en todo.
Creo que la admiración tiene que tener un punto de crítica o
cuestionamiento, por ejemplo, un aspecto con el que yo no estoy de acuerdo es
que aunque él era muy sensible al mundo animal, sin embargo, no dejaba de
defender la ganadería y él mismo cuenta que no tenía una visión romántica de la
misma, es más, durante una época visitó muchos mataderos.
Morales añade un listado de 23 obras
traducidas al castellano de Berger. Le pido consejo para acercarme a su
literatura y pensamiento con una de ellas.
Era un hombre del Renacimiento que abordó muchos temas, por lo que
depende de lo que le interese a cada lector. Si te interesa el arte Modos de ver,
si te gusta la narrativa cualquiera de sus cuentos. Y si te gusta su vertiente
política tiene diversos libros como Con la esperanza entre los dientes. Puerca
Tierra creo que es una obra excelente para comenzar.
Una faceta muy importante también es la poesía, que está reunida
en una edición que realizó el Círculo de Bellas Artes.
En cualquiera de ellos intentaba transformar lo cotidiano en
literatura.
Berger huía de su propio yo y consideraba
que las biografías eran un género huérfano y que él no era nadie importante
para tener una.
Me gustaría pensar que le gustaría, porque está escrito con su
espíritu. Al menos así lo he tratado de hacer, un homenaje no exento de crítica
en el sentido de que uno no está de acuerdo con todo, con una prosa que creo
que le podría gustar. Aparece gente por la que él sintió mucho afecto, entre
otros su hijo Yves.
Encuentro que tanto Morales como Berger
son dos escritores que combaten con la letra los problemas sociales y
medioambientales que nos rodean. ¿Será esta distinción lo que le atrae del
pensador?
Creo que es por un conjunto, no solo me atrae eso de él. Aparte de
ser un escritor comprometido, es un escritor que me interesa literariamente. La
escritura nos define de alguna manera y, en su caso, en el modo que tenía de
escribir también le definía a él y me parecía algo muy atractivo desde el punto
de vista literario. Me interesa lo que hacía y cómo lo hacía.
Mientras quede una rosa, es el trabajo más ambicioso de Morales.
El libro me transformó un poco, en el sentido de hablar con tanta
gente que le conoció y a la que influyó con su obra. Un reto muy importante,
intentar sintetizar todo el material que tenía y darle una voz era un reto
literario en el que he aprendido cómo proceso creativo. Para mí este es el
libro más importante que he escrito y en ese sentido, supuso un gran
aprendizaje a la hora de escribir, a la hora de mirar y a la hora de elaborar
un proyecto a largo plazo. John Berger ha sido una persona que me ha cambiado
por la mirada que tenía del mundo, me ha definido la forma que tenía de ver la
vida y mi forma de escribir.
Javier ha expresado en distintas ocasiones
que nunca tuvo una conversación con Berger. Ni siquiera este texto cubre esa
ausencia.
Yo creo que no, porque no puede sustituir el diálogo personal. Me
hubiera encantado una conversación con él. De alguna manera, como eso ya es imposible,
el libro la suple un poco. Pero no es lo mismo que haberle conocido o haberle
tratado, algo que fue imposible por distintas circunstancias.
Al final escribir es un poco lo que él decía de hacer visible lo
invisible, de hacer que lo que está ahí y no se ve pueda ser visto. Una
relación que no existió se convierte en un pequeño homenaje, en una
conversación que es finalmente un monólogo.
Este año se cumple el centenario de la
muerte de Berger. Gracias a Javier Morales podemos conocer algo mejor al escritor,
pensador, crítico de arte, novelista, pintor, poeta y defensor de grandes
causas. Un precursor de la relación entre la agricultura y la ecología.
Mientras quede una rosa, puede o no cambiar la mirada de aquellos
que se adentren en su lectura. Como dice Manuel Rivas en su exquisito prólogo,
este libro está escrito en una lengua materna llamada Berger. Y esa
lengua materna que hoy llamamos Berger contendría también todas las
lenguas, las voces, los cantos de la “otra gente”, de todos los seres vivos y
las almas errantes que habitan la tierra.
En ese lugar de encuentros de
extraordinaria diversidad, Morales impacta con su narrativa a distintas voces en
un relato íntimo que ayuda a mirar lo pequeño, lo que de verdad es importante:
la mirada del corazón a través de historias hechas con palabras.
María Tello.
Historiadora del Arte y
escritora, es colaboradora en el periódico Nueva Alcarria con su sección
mensual «El camino de la
esperanza» y en el suplemento «Pueblo a Pueblo», así como en la columna «El caballo de
Nietzsche» de eldiario.es. Sus dos novelas El
Diario de Etna (2021), y Cómo sobrevivir a Gato Blanco (2024), forman parte de su proyecto
de vida de defensa de los derechos de los animales a través del arte y la literatura.
Fotografías de Javier Morales por Nati Leal.
0 Comentarios
Comentarios con educación y libertad