«Más allá»


Nada promete

no es umbral, prueba

ni anuncio de nada

si acaso un tránsito

quién sabe a dónde

Vivir es

un viaje imprevisto

sin timonel ni gobernalle

una semblanza de etapas

y gentes cargando alforjas

Y navegan

junto a nosotros

entre las estaciones

de siempre, nunca iguales

llegan y se van

imposible adoptarlas

felices en su plácido vértigo

sin más parada

que la última

destino que no se anuncia

sin ciencia posible

ni verdadero nombre

De qué venero surgiría

la virtud de flagelarse

para merecer

ese más allá,

que de haberlo,

ningún estoico

ni desmesurado nabí

ha conseguido

narrar apetecible

¿Cuántos milagros

nos serán concedidos?

vivir es uno

no espero otro

ni lo habrá mejor

que abrir los ojos

la primera vez

y ver la luz

o aprender

los tornadizos perfiles

de las sombras

las aristas hirientes


de lo siniestro en nosotros,

la intimidad de la simiente

los destrozos del invierno

o la aceptación

del vino compartido

con un hermano

aunque se llame Caín

Este es mi más allá

aquí lo sereno y solar

también lo ominoso

que entenderá de treguas

pues no habita la calle

ni las cloacas:

es un mal íntimo y fraterno

Este cielo lo gobernamos

fieras crueles e impenitentes

devoradoras

de cuanto se ponga al alcance

rabiosamente devotas

de espesos imaginarios

de dioses y demonios

ídolos y patrañas

Es el valle total

el de Hinón y el Edén,

aquí lo prohibido

no acecha en un fruto

transpiramos su bilis

en esta mota del espacio

a la que llegamos

sin querer ni merecimiento

quién sabe por qué

Pero sería ingrato

marcharse sin reconocer

el vuelo de un pétalo

ni verter una lágrima

ante un violonchelo herido

o dar las albricias

por un retorno ansiado

Necio sería

negar el fervor

del beso

o que el arrepentimiento

no templa el dolor causado

o lo bueno de dar

ternura y piedad

 

sin nada a cambio

Cómo no venerar

el lugar más cercano

al dios en que no creemos:

el nacimiento del hijo,

que podamos

prodigar y recibir alimento

tender la mano

y recordar, espejo del infinito,

que conocemos el canto

en paz

porque si una tristeza

o un duelo lo exigiera

también nos sería dado

el solaz del olvido.


                                                    3 diciembre 2025






Eduardo Kahane (Montevideo, 1944) es miembro de la Asociación Internacional de Intérpretes de Conferencias (AIIC) desde 1975. Trabaja para los organismos de las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales. Titulado por la Universidad Hebrea de Jerusalén en Sociología y Antropología Social, fue profesor del curso para intérpretes del Polytechnic of Central London e iniciador y primer director del curso de interpretación de lenguas de la Universidad de Salamanca. Dirigió el seminario El intérprete como comunicador de la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo. Fue miembro del Consejo Mundial de la AIIC y de sus comisiones de Investigación y Formación. Ha trabajado en el Servicio Latinoamericano de la BBC, publicado crónicas en El País, supervisado, entre otros doblajes cinematográficos: Nell, ¿Conoces a Joe Black?,Contact, Salvar al soldado Ryan y Parque Jurásico III, escribe ensayos, relatos, poesía, guiones y dirige y actúa en espectáculos dramáticos y musicales. Ha publicado poesía y relatos en Cuadernos Hispanoamericanos, Index on Censorship y otras revistas. También ha publicado «Tribunas libres» y crónica de libros en el periódico El País. Ha traducido del hebreo la obra de teatro de A. B. Yehoshua, Siete días de mayo. Publica artículos y ensayos sobre la interpretación de lenguas y los intérpretes en zonas de conflicto y guerra en revistas profesionales y especializadas. Es autor de los poemarios Contratiempos (Ediciones Vitruvio, 2017) y  Los lugares y las sombras (Olé Libros de Valencia, 2021).