Rechazad a los malditos,

sentenciados a las llamas,

que los metan en el calabozo

y sufran su tormento.

 

El 8 de febrero de 1907, los campesinos de Flamanzi en el norte de Rumanía se levantaron contra el terrateniente, el príncipe D. M. Sturdza, contra las familias judías que monopolizaban el mercado y contra las autoridades locales. Protestaban por las opresivas condiciones de trabajo. Campesinos de todo el país se habían sumado a la rebelión, realizaron numerosas destrucciones de propiedad. El gobierno ordenó poner fin al conflicto mediante la artillería pesada, asaltos a los pueblos y ejecuciones sin juicio. El gobierno dio la cifra de 2.000 muertos, pero las investigaciones más recientes la elevan a 11.000. * 

 

Los colonos alemanes penetraron en África del Sudoeste y se apoderaron de las tierras y los rebaños de los hereros. Cuando estos se rebelaron, el ejército alemán entre 1904 y 1907 mató al 80 por ciento del pueblo herero y casi al 50 por ciento de los nama. De una población total de 125.000 habitantes, la represión alemana se llevó aproximadamente  80.000 vidas en tres años.

 

A fines del XIX, los estados independientes de Bulgaria, Rumanía, Grecia, Serbia y Montenegro reclamaron concesiones territoriales al decadente imperio otomano. Se trataba de ampliar las fronteras de sus Estados nación. La movilización masiva en 1912-1913 de tropas turcas en estos países provocó la muerte de casi 200.000 soldados. Además de las muertes en combate, hubo decenas de miles de víctimas de epidemias y 890.000 personas civiles fueron forzadas a abandonar sus hogares.

 

Expulsad a los malditos,

echadlos de aquí.

 

El tratado de Berlín de 1878 obligaba al emperador otomano Abdul Hamid II a proteger a la minoría cristiana armenia. Apenas unos años después, en 1892-1893, la población musulmana, alentada por las autoridades que aseguraban que había una conspiración contra el islam, comenzó a masacrar armenios. En 1894, kurdos y tropas otomanas mataron indiscriminadamente a todos los armenios que encontraron. En diciembre del año siguiente más de tres mil armenios fueron quemados vivos en la catedral de Urfa. Los asesinatos en masa que se sucedieron en Constantinopla y Asia Menor causaron cerca de 300.000 víctimas.

Las  deportaciones y masacres de armenios entre 1915-1916 (un millón, con niños separados de sus madres y vendidos como esclavos, miles de mujeres violadas) fueron causadas por los 20.000-30.000 hombres de las fuerzas paramilitares del Estado creadas por Enver Pasha. Su objetivo definido era eliminar completamente una minoría que desafiaba la ambición de conseguir una nación étnicamente homogénea y pura. 

 

La Primera Guerra Mundial (1914-1918) dejó alrededor de 8 millones de muertos, la mayoría de ellos jóvenes, quienes, más allá de algunas narraciones sobre el disfrute del combate, la camaradería y el placer de matar, fueron reclutados a la fuerza. Muchos padres nunca superaron la muerte de sus hijos, y quedaron tres millones de viudas y diez millones de huérfanos.

La malnutrición, el maltrato y el frío fueron las principales causas de mortalidad de italianos presos por los austriacos, que trataron todavía peor a los serbios. Al menos 40.000 habían muerto de hambre en cautividad en los primeros tres años de guerra.

Además de la carnicería de las trincheras y de la crueldad con los prisioneros, las ejecuciones en masa de la población civil muestran que esa guerra instaló un modelo consolidado posteriormente durante el resto del siglo XX: guerras de larga duración, con fuerte carga ideológica, enorme movilización de recursos económicos y humanos, donde la separación entre frente y retaguardia no existía, acompañada de masivos desplazamientos de población, hambre, enfermedades, carencia material y una nueva cultura de la violencia que impregnó a todas las capas de la sociedad. 

 

Que los abominables sean arrojados al fuego

y sufran por sus atrocidades.

 

Se ha calculado que, entre 1918 y febrero de 1922, la Checa (policía política bolchevique) y los grupos de Seguridad Interna, asesinaron a 280.000 personas, la mitad de ellas en operaciones destinadas a “limpiar” el mundo rural de campesinos insurrectos. El Terror Rojo fue espectacular –para sembrar el miedo entre el pueblo– y de carácter burocrático.

En Ucrania, al menos 100.000 judíos fueron asesinados en los más de mil pogromos protagonizados por las tropas del general Denikin (Ruso Blanco) y del político nacionalista ucraniano Simon V. Petliura. Cuando capturaban una ciudad, los oficiales del ejército daban a sus soldados dos o tres días de libertad para saquear propiedades y matar judíos. Muchos de sus oficiales eran hijos de terratenientes que tenían razones para odiar no sólo a los despreciados campesinos, sino a los “judíos bolcheviques” e intelectuales que les habían espoleado para ocupar sus tierras.

La revolución contra los zares, la guerra civil, el terror, el hambre y las enfermedades causaron diez millones de muertos en Rusia entre 1917 y 1922.

 

Las políticas raciales nazis fueron dirigidas contra los judíos (asesinaron a unos seis millones). Pero también todos los “defectuosos” debían ser purgados: discapacitados mentales y físicos y “asociales”, desde gitanos hasta vagabundos o mujeres promiscuas. Alemania fue una nación obsesionada con perseguir, diagnosticar, registrar, clasificar y seleccionar. El régimen nazi pretendió destruir un grupo específico de población en su totalidad. Su ideología racial buscaba la uniformidad de una ciudadanía que se tenía a sí misma como superior, con el antisemitismo en su núcleo central y cuyas semillas habían echado raíces antes de 1914 en las guerras coloniales. 

 

Expulsad a los crueles, a los inhumanos, a los malditos.

Que desaparezcan de la tierra.

 

Según las estadísticas de la Wehrmacht (Fuerzas Armadas alemanas), 5,7 millones de soviéticos fueron hechos prisioneros de guerra. Tres millones murieron como consecuencia de una política deliberada de exterminio por hambre.

El avance alemán por el este inició el genocidio de los judíos, asesinados en los pueblos. La mayoría de los 2,8 millones de judíos muertos en la Unión Soviética fueron fusilados o colgados. Como el número de judíos en territorio bajo dominio alemán era tan alto, se construyeron campos donde las víctimas eran asfixiadas en cámaras de gas con monóxido de carbono y gas venenoso Zyklon B. Se construyeron los campos de Chelmo, Belzec, Sobibor, Treblinka, Madjanek y Auschwitz-Birkenau, situados en territorio polaco en lugares cercanos a las ciudades y bien comunicados por ferrocarril. El 20 de enero de 1942, Reinhard Heydrich recordó a los 14 altos mandos nazis que él era el coordinador de la “solución final” judía.

 

El 27 de diciembre de 1929, Stalin decretó una política de “liquidación de los kulaks (campesinos ricos) como clase” para consolidar la revolución. Muchos huyeron a Polonia, otros sacrificaron a sus animales. La represión fue indiscriminada y caótica, no era fácil determinar qué campesinos eran kulaks. La crisis provocó una hambruna masiva y enfermedades por malnutrición que llevó a la tumba a cerca de cinco millones de personas en el invierno de 1932-1933, sobre todo en Ucrania (hecho conocido como Holodomor: “exterminio por hambre”).

Los campos soviéticos conocidos como Gulag recibieron a 6.711.037 personas, de las que murieron o fueron asesinadas, 980.000, sobre todo entre 1941-1944.

 

Unos 60.000 británicos murieron por los bombardeos alemanes en la guerra.

Los ataques combinados de Gran Bretaña y EE.UU. sobre ciudades alemanas dejaron al menos 600.000 víctimas. El más infame de todos, el ataque del 13 y 14 de febrero de 1945 destruyó Dresde costando 35.000 vidas.

 

Rechacemos a los malditos, que los arrojen adonde no puedan volver.

 

El asedio alemán a Leningrado durante tres años y medio con ataques aéreos y de artillería causó 1,2 millones de muertos, más población que ninguna otra ciudad durante la guerra.

 

En 1939, al empezar la Segunda Guerra Mundial, había en Berlín 4.322.000 habitantes; en agosto de 1945, al finalizar, sólo 2.784.112 (la mitad de los hombres y una cuarta parte de las mujeres). La toma de Berlín fue acompañada de violaciones de miles de mujeres, en ocasiones en presencia de niños, en búnkeres, apartamentos y casas. Las cifras oscilan entre cien mil y dos millones de mujeres violadas en toda Alemania.

 

Durante el siglo XX se desarrolló una violencia específica contra las mujeres: violaciones, torturas sexuales, mutilaciones, prostitución. Los ejecutores de esas atrocidades buscaban la humillación, la intimidación, la satisfacción a través del dominio total y la demostración de masculinidad, sobre todo mediante las violaciones en grupo. En la represión francesa sobre Argelia, el violador era rodeado de otros soldados que miraban. Los militares, violando a las mujeres, intimidaban a las familias, pues los maridos necesitaban ocultarlo porque mostraban su impotencia para protegerlas, la clave entre ellos del honor y la autoridad masculinos.

 

Sean malditos los que matan por ganar tierras.

Sean malditos los que matan por tener en su patria una sola etnia, una sola religión, una sola lengua.

Sean malditos los que matan para aumentar su riqueza.

Sean malditos los que matan por sus ideas.

Que sus bárbaros crímenes no se olviden. 

 

En España, tras la victoria de Francisco Franco se produjo la ejecución de, al menos, 50.000 personas en una década, anticipando algunas purgas y castigos que se vivirían en Europa después de 1945. La principal característica de esta violencia era que estaba organizada desde arriba, basada en la jurisdicción militar. Fusilamientos sin juicio al principio; luego, mecanismos de terror sancionados por farsas jurídicas que nada tenían que probar, porque estaba demostrado de entrada que los acusados eran “rojos” y, por lo tanto, culpables. 

 

La guerra de secesión en Yugoslavia entre 1991 y 2001 provocó aproximadamente 200.000 muertos, alrededor de la mitad musulmanes, un tercio de serbios y del 15 al 20 por ciento de croatas. Sólo en Sarajevo murieron unas 10.500 personas y 50.000 resultaron heridas. Existen pruebas de 12.000 violaciones de mujeres, aunque pudieron ser más de 20.000 en Bosnia-Herzegovina.

 

Apartad a los criminales, a los asesinos, a los que torturan, a los que violan, a los que no tienen piedad ni siquiera de los niños.

Que los arrojen a las llamas y paguen por lo que han hecho.

 

Bajo el dominio colonial británico, la India sufrió más de veinte grandes hambrunas; sólo en la segunda mitad del siglo XIX, murieron de hambre entre 10 y 20 millones de indios. ​Los colonos británicos ocuparon tierras en que producían algodón y lino para la industria textil de la metrópoli, y prohibían a los hindúes sembrar comida para su subsistencia si no entregaban determinadas cuotas de algodón.

La política diseñada por Winston Churchill de expolio de cereales para exportarlos a Gran Bretaña y avituallar a sus tropas dejó sin subsistencias a la región de Bengala en 1943, lo que provocó la muerte de 1,5 millones de personas por hambre.

 

La Primera Guerra del Golfo (1990-1991) de la coalición de EE.UU. contra Iraq causó unos 200.000 muertos iraquíes. La Segunda Guerra de EE.UU. contra Iraq (2003-2011), algo más de un millón. Alan Greenspan, expresidente del banco central norteamericano, aseguró que la razón para declarar esa guerra fue apoderarse de su petróleo. Otros estudiosos coinciden en que el verdadero motivo fue la decisión de Saddam Hussein, presidente de Irak, de vender su petróleo por euros en lugar de dólares (petrodólares), lo que debilitaría la moneda estadounidense.

 

Que se condene a los que se benefician con la muerte de los débiles y se lucran con su sufrimiento, que paguen sus crímenes horrendos.

 

La pequeña firma biotecnológica Pharmaset creó un exitoso tratamiento de 12 semanas contra la hepatitis C que consistía en una pastilla cuyo costo era de entre 68 y 136 dólares. Este fármaco fue comprado por el laboratorio estadounidense Gilead Sciences que le dio el nombre de sofosbuvir. Subieron el coste hasta los 6.400 dólares e incluso a 84.000. Germán Holguín, director de Misión Salud, de Colombia contra esta enfermedad declara: “Las multinacionales farmacéuticas tienen el control de un sistema que impide extender los medicamentos a todos los que los necesitan. Más de 700.000 personas mueren al año en países de América Latina por causas que pueden evitarse”.**

 

Que se expulse a los malditos que destruyen a sus hermanos,

que los arrojen a las llamas

y sufran su tormento.

 

Las causas de las crisis alimentarias en África a partir de 1980, según el enfoque económico dominante, son: los fenómenos climáticos, el incremento demográfico, el creciente consumo de carne de los países asiáticos, los biocombustibles, la restricción a las exportaciones de alimentos, los conflictos bélicos o la pobreza. La explicación ortodoxa no analiza el origen histórico de ese subdesarrollo, como los efectos de la esclavitud, el colonialismo y el neocolonialismo; ni tampoco la contribución de los países desarrollados en la creación de conflictos armados durante y tras la Guerra fría. No recoge como causas de la creación del hambre los programas de ajuste estructural a que fueron sometidos los países africanos desde 1980, ni las injerencias de los países occidentales, ni la relación de los gobiernos africanos con las empresas transnacionales de los países desarrollados, y desatiende la especulación financiera con los mercados de futuros de alimentos básicos como el maíz, el trigo o el arroz.***

Por más que intentamos luchar contra ello, 1 de cada 5 personas continúa pasando hambre en África. Los cinco países que registran niveles más alarmantes de hambre en el mundo pertenecen a África: República Centroafricana, Chad, Yemen, Madagascar y Zambia. África Subsahariana tiene un elevado índice de subalimentación y mortalidad infantil. El 60% de la población en República Centroafricana está desnutrida. El 42,7% de los niños y niñas en la República Democrática del Congo menores de cinco años tienen retraso en el crecimiento. Lejos de disminuir, el número de personas que pasan hambre en África ha ido aumentando progresivamente en los tres últimos años hasta llegar a la cifra de 257 millones de personas. El tiempo juega en nuestra contra para alcanzar el reto de hambre cero de la Agenda 2030.****

 

[…] En Jan Yunis fueron asesinados 15 niños y niñas: los hermanos Yazen al-Masri, de dos años, Rehaf al-Masri, de 10, Ibrahim al-Masri, de 11, y Merwan al-Masri, de siete. Otros cuatro hermanos, Muhammed al-Tanani, de tres años, Atham al-Tanani, de cuatro, Amir al-Tanani, de cinco, e Ismail al-Tanani, de seis, también perdieron la vida en los ataques. Hussein Hamad, de 11 años, Ibrahim Hasanein, de 16, Muhammad Abu Diya, de cinco, Ammar al-Amur, de 11, Hammade al-Amur, de 13, Bashar Samur, de 17, y Khalid al-Kanu, de 17. En la ciudad de Beit Lahia, en la Franja de Gaza, Muhammed Zain al-Attar, de tan sólo cinco meses, murió junto con sus hermanos Islam, de cinco años, y Amira, de seis. En el centro de Gaza también murieron: Zaid al-Talbani, de cinco años, Hamza Ali, de 12, Yahya Khalifa, de 14, Hala Rifi, de 14, Baraa al-Gharabli, de 16, Fawzia Naser Muhammed Abu Fares, de 17, Lina Sherir, de 16 años, Tawfiq Abu al-Aref, de 16 años, Tala Abu el-Aref, de 12, y Revan Abu al-Awf, de 11. También murieron en un ataque aéreo cuatro hermanos: Lena, Rana, Yahya y Zayn, de la familia Ashkantana y tres hermanos de la familia Kulk: Hala, Yara y Rula. Murieron también Mahmoud Talabe, de 13 años, y Refif Abu Diar, de 11 […]. El secretario general del Consejo Noruego para los Refugiados (NRC), Jan Egeland, hizo un llamamiento a Israel para que detenga esta locura: «Los niños deben ser protegidos. Sus hogares no deben ser objetivos. Las escuelas no deben ser objetivos. Dejen de bombardearlos ahora».*****

 

 

 

De rodillas te lo suplico,

con el corazón roto, casi muerto,

cuida de las víctimas,

cuida de todos nosotros

que somos culpables.

 

 

 



* Este relato sigue casi literalmente, en su mayor parte, textos de CASANOVA, Julián, Una violencia indómita. El siglo XX europeo, 2020.

** Revista Alterinfos, 26 mayo 2017: http://www.alterinfos.org/spip.php?article7913

*** Texto atenido al “Resumen” de GÓMEZ DE MERCADO MILLÁN, Francisco Jesús, Causas de las crisis alimentarias en Somalia, Sudán y Etiopía entre 1980 y 2015, Memoria para optar al grado de doctor, Universidad Complutense de Madrid, Facultad de Ciencias económicas y empresariales. Departamento de Economía aplicada I, 2018.

**** Texto de Blanca Arnaiz, Comunicación y contenidos, ONG “Ayuda en acción”, 7 noviembre 2019.

*****Contrainformación.es, 21 mayo 2021.

 

 

[Este cuento formaba parte de la primera versión del libro Un réquiem europeo (Páginas de Espuma, 2024). Su lugar fue ocupado por otro relato].