Aguardaba al acecho, oculto a miradas nocturnas. Tras una larga espera sintió por fin un levísimo eco. Luego, lo previsto: una minúscula vibración recorrió todo el entramado hasta llegar al lugar en que posó de inmediato dos de sus extremidades. Por la intensidad y frecuencia de las ondas adivinó que su origen no era lejano. Por el orden en que cada miembro captó el flujo, la dirección a la que debía encaminarse. La membrana continuaba agitándose. Su ánimo se confortó. A mayor esfuerzo por liberarse más atrapada quedaría su presa. No era necesario apresurarse. Cuando llegara, tarde, temprano, ahora, luego, hoy, mañana... seguiría allí, enredada en ese tapiz especialmente tramado para cazar, para interrumpir trayectorias, para cercenar futuros, para obstruir cuerpos que se afanan en saltar, volar, huir. Entonces inició el recorrido. Caminó y caminó hasta que no muy lejos divisó un cuerpo debatirse enredado en la malla indestructible. Se acercó. La criatura, inmovilizada, giró sus ojos horrorizados y descubrió acercarse, confundido en la sombra de la noche, a su enemigo. Al instante reinició su forcejeo desesperado. Su abdomen se alzó como un mar embravecido, su cabeza se golpeó repetidamente contra el entramado de la tela de robustos hilos, desencadenando una marejada corta, pertinaz, abovedada, ruidosa. Trató de desanudarse con angustia. Sin embargo el captor se acercaba lenta, sigilosamente, como si aún no hubiera sido descubierto, hasta situarse tras el cuerpo que luchaba por desprenderse. Extrajo una especie de apéndice oscuro de un costado y con él golpeó repetidamente entre gritos a la presa, que poco a poco fue reduciendo su resistencia hasta la nada, mientras su cabeza torturada caía vencida. De entre la mandíbula del aprehensor floreció un sonido agudo y aterrador que convocó al instante a otros predadores semejantes a él. Desenredaron todos con prontitud el torso herido, inmovilizaron las extremidades y lo condujeron casi a rastras a un zulo, donde se amontonaban otros fugitivos vencidos y golpeados, a la espera de ser restituidos al lugar de donde partieran.